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XII

¡Anda! Toma el camino juega con la luna y las estrellas ¡Sé un revolucionario! Aprende a mirar distinto, que la rosa, la roja sabe a deseo, dolor y melancolía, Que el perfume, el cítrico trae aire de lujuria, de pasiones y alegría, que la guitarra, la sensual tiene la garganta que desgarra que miente y que aclama, que el piano, el intelectual sabe seducir en notas cadenciosas y halagar en trinos misteriosos que recuerdan los gritos de aquellos que la cordura perdieron en los pantanos. ¡Anda! Toma el camino ¿A quién estás esperando? Mira de nuevo la rosa, la sangre tierna roja. ¡Sé un revolucionario! Aprende a mirar distinto.

Invierno

Aún me preguntan por qué me enamoré de ti. Cada vez que lo hacen vienen a mí los recuerdos de las primeras citas y los muchos cigarrillos que fumé mientras intentaba sostener una conversación coherente contigo. Aún se cuestionan qué te vi y en mi mente revivo el andar serio y acompasado con el que te vi venir la primera vez, tu elegancia en negro que te venía bien con una calle llena de extraños que, afanados por sus vidas, me empujaban de un lado a otro en tanto a ti te esquivaban con precaución. Aún indagan por qué me gustabas tanto y recibo el aroma de tu cuello en aquella época, la delgadez enmarcada en esos pantalones ceñidos, la certidumbre de tus palabras que contaban qué querías hacer y cómo lo ibas a hacer, la mirada fría con la que castigabas al mundo y la voz jocosa que se reía sin consideración de la desgracia ajena. Aún me cuentan que te temían, que no inspirabas confianza y yo escucho en mi mente los secretos que te conté y que se filtraron por la rendija de tu...

Desnuda

Escribí, leí, no me gustó, borré. Escribí, borré. Escribí, leí; lo dejé de lado, lo retomé, lo envié al carajo, lo maldije, borré. Escribí de nuevo, puse una canción, me supo a vino ¿Me supo a vino? Huele a gas propano ¿Huele? Moriremos, ahora sí puedo escribir. Tuve un amor, tuve muchos. Me cansé un día de la vida, hice algo al respecto. No funcionó, lo sabíamos, tal vez no lo hice bien, tal vez en realidad no lo quería. ¿Amar o vivir-morir? Las dos o tal vez ninguna. De nuevo lo leo, lo entiendo, fue una cuestión de tercios, por eso no se dio: no me gustan los números impares, no me gustan tampoco los primos pero me gustan los números y los extraño, entonces voy a hacer cuentas. Años, dinero, cuentos, amistades, fechas, sumas, restas, mis divisiones,  tus multiplicaciones. Me duele el pecho y no es el corazón. Leí de nuevo, resulta que no es al corazón al que le duele sino al cerebro ¡Y el muy puto nos estuvo engañando todo este tiempo! Así que ...

Clemencia

“Yo soy de esas mujeres en quienes el amor entra por la puerta de la admiración. Me parece difícil que llegase a apasionarme de un hombre sin admirarle primero; desdeño lo vulgar, y me siento capaz de amar toda mi vida a un mártir que hubiera perecido en un cadalso, y de convertir su memoria en un culto perpetuo; así como me parece imposible querer a algún pequeño hombre a quién la fortuna elevase sin merecerlo a la cumbre del poder, o a otro a quien la suerte caprichosa hubiese dotado de riquezas, o al triste mortal que no contara más que con el atractivo vulgar de una hermosura de Adonis, sólo buena para decorar un jardín o para ocupar un lugar en mi aparador de juguetes.  No es el valor vulgar el que me fascinaría. Valientes hay muchos pero hay acciones que sobrepasan la esfera de lo común; yo no sé precisamente lo que quiero, no acierto a expresar mi pensamiento… Se me figura que un proscrito, perseguido por todo el mundo, un mártir, un hombre que subiera al cadals...

Fantasía

-Déjala, no la guardes, hoy quiero que me hagas el amor en frente de La Guitarra. -¿Por qué? -Quiero que ella sienta lo que yo, cada vez que veo cómo la tocas...

La Cena

Tomó con firmeza el frío corazón. A pesar de su temperatura aún producía unos lentos y débiles latidos. Lo observó por un instante recorriendo centímetro a centímetro cada pedazo de músculo y vísceras que tenía entre sus manos ¿A quién se le habría ocurrido representarlo con esa forma tan diferente qué solo había percibido en las fresas y las manzanas alguna vez? ¿Quién fue capaz de imaginar un corazón como las alas mutiladas de una mariposa que sólo llegaban a la mitad? Aunque pensándolo bien, aquel trozo de carne si se asemejaba a una fresa, a una fresa gigante y puntiaguda del tamaño de su puño, no era una fresa perfecta sino una a la que las hojas le salían asimétricas y descontroladas. Sí, esa era una mejor descripción.  A su nariz llegó el aroma de los ajos y la cebolla que se encontraban sobre la estufa, hirviendo. Frente a ella, sobre el mesón, reposaba un afilado y brillante cuchillo, lo miró fijamente y otra oleada de aquel aroma le ratificó que había llegado el...

Macarrón

Imagen
Una vez más, la muerte toca nuestra puerta. Para esta visita no deseada jamás estaremos preparados, siempre pensamos en este momento como en el punto distante en el camino al que algún día llegaremos y llegarán los nuestros.  Así que de repente un día, ella se presenta para confirmarnos toda la fragilidad humana. No somos culpables por no sentirnos listos para una partida ¿Cómo estarlo cuando nuestro Lisandro se ponía en pie todos los días para iniciar su deseada jornada diaria? ¿Cómo creerlo frágil si ni el tiempo ni los vientos agrestes de la vida lograron aplacar su carácter y dominar su determinación? ¿Cómo pensar que el hombre de los ojos verdes, que trabajó por su familia, oró por sus hermanos y cargó en sus brazos a hijos, sobrinos, nietos y bisnietos, cerraría sus ojos para darnos un último pedazo de sí envuelto en un gesto alegre, tranquilo y en paz, con el cual se despediría de nosotros para volar al cielo y regalarle al creador su mirada, ese brillo que ahora ...