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XXI - Bajón

¿Qué hago con los días malos, Colibrí? Si sólo cuento conmigo Y a veces soy mi peor compañía… Cómo te explico el asunto. Cómo te cuento que estoy lenta, que no tengo ganas, que tengo mucha tristeza y que por alguna razón mi cabeza se llena de motivos. Cómo te explico que me duele, si no puedo señalarte dónde… Cómo hago si no sé qué decir, si me quedo muda porque no entiendo, si la vida y el mundo son extraños y todo me parece una gran confusión.

Un Amor Bipolar

Íbamos caminando entre los árboles que custodiaban las calles, tropecé varias veces, estaba nerviosa y entusiasmada. El día anterior me había decidido a invitarle a salir y él había aceptado sin problema. Caminamos mucho, más de dos kilómetros y la conversación fluía de forma espontánea, con cada paso había más intimidad entre nosotros, hablamos de música, de literatura, de fútbol, de lo que queríamos, de lo que no tolerábamos, de cómo éramos… de repente me sentí cómoda para contarle que soy bipolar.  Le dije que tenía TAB, que estaba en tratamiento y que debía tener ciertos cuidados. Me agradeció la confianza y me contó que años atrás había tenido depresión, lo cual me sorprendió bastante. Hablamos de los tratamientos, de los efectos y de los aprendizajes que estos procesos traen. Luego llegamos a su oficina, dejamos su bajo ahí y salimos a comer algo, nos tomamos un par de cervezas y luego nos fuimos a un sitio que él me quería mostrar. Era una cervecería que quedaba e...

XX - De Madrugada

De madrugada vi la luz encendida toqué la puerta, abriste. Te saludé, hablamos de las hijas del trabajo de las obligaciones. Y evitamos los amores nos evitamos mutuamente. De madrugada me retiré de nuevo y tú cerraste la puerta y el tiempo siguió como si nada.

Viviendo con el TAB

Antes de continuar con la narración, quiero aprovechar para agradecer a las personas que se han interesado por esta iniciativa. A quienes me han leído, me han hecho preguntas y me han apoyado para que siga pues lo consideran un buen ejercicio. Mil gracias. Respondiendo a la pregunta que me hizo un Anónimo no siento que me exponga demasiado, pues aquello con lo que no me siento cómoda prefiero guardármelo o escribirlo con cuidado para que quien lea entienda que es un asunto “difícil”. Había dejado el relato en la aceptación del trastorno y el encuentro con la medicación. Ninguno de los dos resulta fácil. Existe un miedo inmenso a ser diagnosticado con una enfermedad mental, creo que este miedo proviene del estigma que la sociedad ha generado al respecto. Esto dificulta las cosas, no sólo para quien tiene el diagnóstico sino para su familia y amigos, pues aparecen sentimientos de culpa, preguntas acerca de qué se ha hecho mal, vergüenza y negación, siendo esta la más nociva....

Bipolar

Será esta la primera vez en la que hable sobre este tema, el trastorno con el que convivo tal vez desde que nací y que algunos días me hace la vida de cuadritos, otros me llena de esperanza con un futuro prometedor y otros me deja vivir como si nada y como si todo. Las sospechas sobre el trastorno afectivo bipolar (TAB) empezaron en la adolescencia, cuando los cambios propios de todas las adolescentes, en mí se manifestaron de una forma más fuerte, el diagnóstico llegó tiempo después, antes de los 17. Empezó la medicación, la terapia, pero no hubo charlas, nadie me explicó de qué se trataba, mis padres tampoco lo sabían, el médico psiquiatra se dedicaba a recetar cada vez más y más medicamento, las dosis aumentaban, el cuerpo lo rechazaba, el galeno no me escuchaba, pensaba que sólo me resistía, vinieron los vómitos, los problemas estomacales, los dolores, el fastidio, el temor, la ansiedad, la rabia, las dudas ¿Y si no lo tengo? ¿Y si me estoy envenenando con medicamentos?...

Destinatario

Creo que, aunque me he despedido, te seguiré escribiendo. Y es que tengo algunas ventajas: el anonimato de mis letras y la pequeña, casi nula posibilidad de que las descubras. Necesito escribir, porque escribo lo que no grito, escribo lo que en temores callo, y lo que guardo -aún de las letras- me desangra en lágrimas, en insomnios, en pesadillas lúcidas y angustias constantes que no me dan tregua. Así que me tomo el atrevimiento de elegirte, Capitán, como destinatario de las catas que no llagarán a puerto, con el cariño y la devoción que aún te tengo, con el fuego del alma que no me permite rendirme y con el recuerdo de tu sonrisa que no me lastima. Te pienso y te recuerdo todas los días, te sueño y te anhelo. Despierto con tu rostro fijo en mi mente; en mis sueños soy libre y camino junto a ti. De mi agridulce despedida no tengo mucho que decirte. Caminé en una dirección diferente y no era tu obligación seguirme, pero extraño tus manos, tus brazos, nuestras noches,...

XIX

Tan cerca está el sueño de la muerte, tan paciente, tan calmo. Se cierran los párpados  viene lo desconocido. Duerme tranquila, duerme mariposa.