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Silencio

Todo era un torbellino. Miraba a la nada buscando explicaciones, respuestas y las preguntas arremetían en bandada. Alrededor, el mundo giraba, gritaba, gruñía. El día se iba en un desorden cercano al caos, más ruidoso de lo normal. “¿Cómo estás?”, preguntaron. La cabeza estalló en pensamientos arrítmicos. Perdí la cuenta de las noches en la vela, quiero viajar, correr, gritar, soñar, partir, llorar una vez y reírme dos veces, pero es el cansancio el que me acompaña todas las noches y la rutina la que me despierta en las mañanas. Quiero saltar al vacío y que en la caída me crezcan alas, más sólo me siento en mi escritorio y hago lo que debo. Y me resigno porque “es lo que toca”, porque ya vendrán tiempos mejores, porque hay que ser fuerte para pasar los tragos amargos... porque los sueños también están hechos de sacrificios. Porque el mundo dijo que así debía ser. “Bien”, respondió.

XXVI

Puedo acercarme y mirarte a los ojos, Imaginar cómo se cierran si te robo un beso, como se crispan ante la travesura de un dedo índice sobre tus labios. Puedo escucharte, descifrando el sentido las palabras que te delatan en la pausa de tu respiración, en la media sonrisa, la mirada perdida. Puedo perderme en tus ojos de gato, y probar la cerveza imaginando tu sabor Y ansiosa mordiendo mis labios, ...ansiosa mordiendo tu lengua.

Veinticinco

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Exposición "Miró: Pintor, Poeta" El tiempo, que ha sido definido a través de los años por científicos y relativizado sin pudor por narradores y poetas, resulta tan temible como encantador en la vida propia. Se sabe del tiempo como medida, como invento humano, como sabio, como enemigo, como dios. ¿Qué es un siglo comparado con más de cuatro punto cinco billones de años? ¿Qué viene siendo, entonces, un cuarto de siglo? Mi propia eternidad. Es la primera vez que escribo sobre mi edad en este blog que no tiene ni pies ni cabeza, que es una colcha de retazos echa con los pedacitos de cada recuerdo trascendente. Tal como mi existencia.  Ahora lo digo con risa, pero antes sentía un poco de pudor, de vergüenza por develar mi edad. Sucedía que la gente hablaba conmigo y pensaba que era mayor, no sé si era por cómo me expresaba o simplemente era lo que producía mi manera de actuar, sin embargo les venía un desencanto cuando yo decía “tengo dieciocho o diecinueve ...

XXV

Soy la nada que me abunda en este mar de pensamientos y tormentas. No me ahogo, no quiero. No me salvo, no puedo. Soy la paz perdida en vendettas, la sangre que corre por las venas de la guerra, el perdón negado, la palabra dicha, el tiempo que no regresa. Soy violenta y soy volátil, la manzana del árbol ponzoñoso que no debe ser mordida. Soy mujer de mil lunas y una noche, eterna. Soy Fénix que vuela aún con el ala herida.

XXIV - Poema a medias

La parte de mí que se desvaneció en sonrisas deambula por el jardín de la nostalgia contemplando margaritas. Las dudas que han embestido mi alma vuelan como abejas ansiosas, regando esporas de incertidumbre en cada flor que crece libre, silvestre. Tengo miedo del futuro promisorio, el éxito se me revela como un fatalismo. Tengo lágrimas que nacen secas y gritos que se ahogan en un papel. Aún no me despido del Sol y las mañanas, pero ya los extraño. Aún transito la ciudad en medio de atardeceres. Estas letras no son las acostumbradas, las contundentes. Desconfío del suelo por el que transitan mis pasos, sólo quiero entregar mi vida a éste y otros atardeceres.

Carta a Colibrí

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A los tres años del último vuelo del Colibrí Mi madre me dijo de la misa el viernes, aunque yo la esperaba desde el inicio de junio. Sigo yendo sagradamente, aunque sabes que no soy de iglesias, de curas, ni de religiones; que mi relación con Dios es sin intermediarios, a pesar de todas las veces que dije que creía en el Diablo cuando me reprochabas por atea… y nos reíamos por traviesa, por contestona, por rebelde, porque no me creías que adorara a Satán, porque yo sabía que no me creías, porque me dabas golpecitos de mentiras y me llamabas “so porquería”, porque siempre veías lo mejor en mí, aun cuando a mí se me olvidaba. Así que a la misa voy por ti, porque así querías ser recordada, pero también te recuerdo en medio de todas mis risas, de mis alegrías, de los regalos que me ha dado la vida, pues tú fuiste uno de los primeros, mi adorada Colibrí y sé que en cada alegría que disfruto tu mano se haya escondida, sólo lo sé. ¿Sabes? Hace unos días dejé la formalidad y m...

XXIII

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Lo que miro es el infinito  de mis ojos creando estrellas,  porque las que existen no me bastan,  porque el universo no me encierra. En lo que pienso es en los versos para los que aún no nace poeta,  porque las palabras existen en los labios y en las manos de quien las libera. Y en el viaje que no conozco,  en la canción que aún no toco,  la nada y el por siempre se acompañan en las condenas que dan espera. No intentes en vano descifrarme,  soy un fantasma, un espíritu viajero,  el reflejo que se esconde tras tus párpados cuando cierras los ojos y viene el sueño.