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Macarrón

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Una vez más, la muerte toca nuestra puerta. Para esta visita no deseada jamás estaremos preparados, siempre pensamos en este momento como en el punto distante en el camino al que algún día llegaremos y llegarán los nuestros.  Así que de repente un día, ella se presenta para confirmarnos toda la fragilidad humana. No somos culpables por no sentirnos listos para una partida ¿Cómo estarlo cuando nuestro Lisandro se ponía en pie todos los días para iniciar su deseada jornada diaria? ¿Cómo creerlo frágil si ni el tiempo ni los vientos agrestes de la vida lograron aplacar su carácter y dominar su determinación? ¿Cómo pensar que el hombre de los ojos verdes, que trabajó por su familia, oró por sus hermanos y cargó en sus brazos a hijos, sobrinos, nietos y bisnietos, cerraría sus ojos para darnos un último pedazo de sí envuelto en un gesto alegre, tranquilo y en paz, con el cual se despediría de nosotros para volar al cielo y regalarle al creador su mirada, ese brillo que ahora ...

Historia de un "Te Quiero"

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Escribirte aquí, en este espacio que quizá ya no recuerdas o que simplemente ignoras, puede parecer una pérdida de tiempo, se diría que lanzo gritos en un bosque solitario sin oídos humanos que me escuchen, pero prefiero pensar que en realidad esta es la última carta que puedo enviar antes que la oficina de correos cierre para siempre o que las lechuzas pierdan las alas para llevar mis mensajes.  Te escribo entonces, porque no sé dónde estás, aunque conozco la razón por la que te fuiste. No pedí que me esperaras, no quise que me extrañaras, no pensé extrañarte… pero después vino la montaña rusa de sucesos y emociones en mi vida, vino el tiempo en que tuve que enfrentarme a mí y a mis miedos. Llegó el tiempo de verme al espejo y excavar dentro para encontrar mis propias razones, para descifrarme, entenderme, quererme.  Fue extraño ver mis manos y no reconocerlas, sentirme perdida y luego, poco a poco, recorrer mis pasos de una manera consciente para darme cuen...

Pequeña Muerte

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En tu cintura me perdí. Cuando mis manos se deslizaron suavemente por aquella delicada piel supe que había cambiado para siempre. Supe lo que sienten las lágrimas cuando resbalan por las mejillas, caen al suelo y se evaporan para esconderse en las nubes, quedarse allí y jugar; y luego, en un éxtasis que se produce entre relámpagos y choques eléctricos, descienden vertiginosamente a un río para descansar finalmente en el mar. Entonces mi sentimiento fue una lágrima, tu cuerpo fue mi río y en tus ojos suspendidos capturé el retrato perfecto de un naufragante atardecer.

La Cita

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Y ahí estaban esos dos, los de siempre, los de los encuentros sin saludos ni despedidas, dejando que el café se enfriara y viendo a través del humo cómo divagaban sus pensamientos. Él estaba nervioso pero muy pocos podrían notarlo. Sabía mantener las manos firmes y la respiración acompasada, sin ir muy rápido, sin ir muy lento; pero la mirada, que en ocasiones se desviaba tras una imagen o algún recuerdo, lo delataba ante los ojos de aquellos que le conocían bien.  Fue así como sus ojos se fueron con el humo y llegaron al rostro de ella. Ahí estaban sentados los dos y él aún no era capaz de lanzar su propuesta. Ella era su última oportunidad, lo único que le quedaba en el mundo. Ella era quien siempre creería y confiaría en él, quien le seguiría aun cuando su lucha fuera estéril, aun cuando la muerte se encontrara a la vuelta de la esquina. ¿La amaba? Era una pregunta innecesaria, sobraba; no necesitaba amarla, le bastaba con que ella lo amara, de este modo garantizaba ...

XI

Desilusión. El agujero en el pecho se ha abierto, podrá sanar pero la cicatriz durará para siempre. Que los pensamientos viajen a lugares mejores... ¡Ausencia de sueños! La esperanza se aleja pero no le abandona, le recuerda que tiene que luchar para conservarla consigo. Ira, tristeza, reclamos, sonrisas ¿falsas? Ojos cerrados, "inhala, exhala" dice la voz interior. ¡Estoy harta de respirar! Un grito ahogado, grito sin oídos, grito solitario, grito que nadie escucha. ¡Déjame hablar! exige, tus palabras no existen, responde. Ha muerto. Una lágrima se desprende, un corazón se siente herido, otro corazón sonríe. ¡Sonríe que el payaso no se ha ido!

Violeta

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Suaves y saladas lágrimas se deslizaban por sus mejillas y llegaban hasta las comisuras de sus labios.  -¿Qué te pasa? ¿Por qué estas llorando?  -¡Es la mariposa! ¡Se niega a enseñarme a volar! ¡Ni siquiera quiere hablarme! -¡Ya estoy harto de tus estupideces, te he dicho que dejes de creer en fantasías! - Prefiero creer en la utopía de mis sueños que someterme a la dictadura de la realidad.  En ese instante escuchó un leve silbido, acercó su cara a su mano, donde, en un dedo, reposaba la purpúrea mariposa.  -Te afliges sin razón alguna, no tengo nada que enseñarte. Recuerda tus palabras, tú ya sabes volar.  Y en ese momento las alas púrpuras destilaron aros que creaban un hermoso arcoíris, abandonando para siempre aquel romántico jardín.

Síndrome de Penélope

Existe una canción de la autoría de Joan Manuel Serrat -la cual también es interpretada por Diego Torres en homenaje al autor español- que se llama Penélope. La letra puede ser tachada por algunos como cursi o demasiado emocional, sin embargo, narra una historia que ha inspirado el presente post y que por lo mismo, transcribiré a continuación:  Penélope,  con su bolso de piel marrón  y sus zapatos de tacón  y su vestido de domingo.  Penélope,  se sienta en un banco en el andén  y espera que llegue el primer tren  meneando el abanico.  Dicen en el pueblo  que un caminante paró  su reloj  una tarde de primavera.  "Adiós amor mío  no me llores, volveré  antes que  de los sauces caigan las hojas.  Piensa en mí  volveré a por ti..."  Pobre infeliz  se paró tu reloj infantil  una tarde plomiza de abril  cuando se fue tu ama...