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XXXII - La Grieta

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  Una grieta se abrió en la playa, frente al mar. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Lágrimas de felicidad y de esperanza acompañaban al presente que ofrecía. Con las manos juntas reunió sus sueños, con las manos juntas quiso recoger y beber y las manos juntas regresaron vacías al pecho. Una grieta se abrió en la playa, en el mar. Preguntó qué hacer con las manos vacías el mar respondió con un crujido que aterraba y los labios resecos ardieron con el salitre. Viajaste buscando lo que la ciudad te negaba, pero no es calma lo que he de concederte, fuerza es lo que demandará tu futuro. Una grieta se abrió frente a la playa, en el mar. Comprendió que su ofrenda rechazada era el augurio de la providencia, el futuro no había sido negado, pero no sería compartido. Fuerza necesitaba para recoger sus pasos. Fuerza necesitaba para andar su propio camino. La fuerza era necesaria para sobrevivir a la grieta. Una grieta se hizo más profunda recordando a la playa, en la ciudad.

Memorias de un día que no fue

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*** Este no debió ser un domingo en el que yo estuviera sola, encerrada con mi perra, arreglando desperfectos de mi apartamento y tratando de entender por qué me siento tan agobiada. Este domingo debimos haber despertado juntos, yo debí haber preparado algún desayuno especial, seguramente con panqueques y él debió haber lavado la loza con el delantal de El Capitán. En cambio, tengo un domingo en el que llevo varias semanas sin haber encontrado mezcla para panqueques, desayuné con chocolate, huevos y pan y el chocolate lo dejé a la mitad y los trastes los voy a lavar en la noche, con todo lo demás. Tengo un domingo cualquiera, como si todos los eventos del último año no hubieran sucedido, no por falta de recordación, sino por la monotonía de los días que han hecho de un día especial el letargo de una vida, el cansancio, la soledad, el silencio de quien languidece en la ausencia.  Este debió haber sido un domingo de celebración, en cambio tengo un domingo de pena. **...

Algo más que un fracaso

Hace poco estaba viendo el capítulo más reciente de una serie que sigo desde la primera de sus tres temporadas. Esta serie me gusta porque tiene un abordaje diferente y poco convencional de diferentes temas. Su personaje principal es una persona con un trastorno del espectro autista y la serie plantea cómo es ser un profesional (excelente en su área) viviendo con esta condición. Además, también existen una serie de personajes secundarios interesantes, entre los que destacan varias mujeres por medio de quienes se plantean varias cuestiones como el hecho de sobresalir en un mundo masculinizado, qué hacer ante una situación de acoso sexual, cómo tomar decisiones respecto a derechos sexuales y derechos reproductivos y cuál es la importancia de la sororidad. Pero no es nada de esto lo que me conduce hoy a escribir. Resulta que, una de estas mujeres tiene una madre que vive con trastorno afectivo bipolar y la señora ha sido la peor carga que ella ha tenido que soportar en la vida. Así ...

Duelo

Sabía que esto debía terminar en un escrito ¡Lo sabía! Y también lo negué tantas veces… Me desaparecí del mundo porque pensé que era lo conveniente. Me quise desaparecer de la vida, sin perder la vida propia. Entrar en la burbuja y flotar en el aire, dejando que el viento me llevara a un lugar en el que no pudiera sentir dolor ni rabia. Pero los recuerdos, los reproches, los mensajes preguntándome por ustedes o relacionándome con ustedes siempre me alcanzaron y escapar fue imposible. Tuve un juicio público y despiadado, ya sentí la rabia, ya sentí el dolor, ya me atraganté con las palabras que no pude decir porque sabía que todo lo que dijera podría y sería usado en mi contra ¡Vaya ironía! ¿No? Ya leí sobre las emociones y un autor me dijo que la rabia hacía que me apegara más al sentimiento, que luchara –aunque de forma inconsciente- por él. Entonces quise dejar de sentir rabia y otra vez quise alejarme de todo y no sentir. Fue ahí cuando me enfermé. La cabeza me fal...

Más ansiedad que persona

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Hablemos un poco sobre lo que es vivir con ansiedad y tener que comportarse como cualquier persona más. La primera batalla ocurre al despertar. Los pensamientos se agolpan y las decisiones más simples se convierten en un martirio ¿Qué hago primero, me baño o tiendo la cama? ¿Y si mejor desayuno y después me baño? Y la disertación toma lo suficiente como para que al cabo de media hora sientas que el día arrancó mal porque ya estás hecho un ser totalmente improductivo, de esos que pierden el tiempo decidiendo tonterías. Ahora vayamos a las reuniones sociales ¿Saben lo que es no querer salir de casa pero obligarse a hacerlo en el afán de no quedar mal, de no ser la amiga incumplida o de cumplir con las obligaciones laborales? Y eso ocurre en los mejores días, en los peores la pelea se pierde y una se siente vaga, desconsiderada, irresponsable, impotente e infeliz, rota o al menos defectuosa, con una cabeza que no deja de murmurar la pregunta ¿Por qué no puedo ser como la gente ...

XXXI - Litio

Llegó la pena oronda a reírse placentera, con esa risa socarrona en mi cara agorera. Me señalaba intimidante, y con su risa macabra de mi dolor hacía una espera. La pena se reía y yo quería matarla, acuchillar la risa de mi pena y de un machetazo acabarla. ¡Cuánta violencia en ese pensamiento! me gritaba la cordura y el raciocinio era todo lo que tenía, mientras la pena en el pecho calaba. ¡La mato!, ¡La mato!, ¡La mato! Gritaba mirándome al espejo, mi retrato respondió, ella también con una sonrisa: “La pena no se muere si no la lloras”. Dijo mostrando la mitad de los dientes. Mis manos fueron a mi garganta buscando aire, tocaron mi rostro anhelando una expresión. El litio insensible se escondía y en mi bolsa aguardaba a la siguiente comida. Escuchaba de cuclillas la risa de la pena y con vergüenza reconocía haber escondido mis lágrimas en mis venas.

Reminiscencia

Tú juegas y saltas. Me arrastras Y olfateas la vida. Es junio y somos felices, ingenuamente lo somos. Tú corres y muerdes. Me persigues y muerdes la vida. Es agosto y somos inquietas, locamente lo somos. Tú ladras y gruñes. Me muestras los dientes Y odiamos la vida. Es julio y somos impulsivas, amargamente lo somos. Tú halas y huyes. Me evitas y juegas con la vida. Es marzo y somos más maduras, lentamente lo somos. Tú caminas lento y pausado, te sientas, se acaba la vida. Es septiembre y empezamos a despedirnos, lo inevitable se acerca. Llegará octubre de nuevo Y soy incapaz de pronunciar tu nombre Y en la soledad de mi llanto descubro que al dolor también le sé guardar aniversario.

DE LA INJURIA Y LA CALUMNIA O LAS ESTRATEGIAS DE CONTROL Y ENCUBRIMIENTO DE LOS AGRESORES

Iniciaré este escrito con un relato de mi adolescencia. Han pasado varios años y tal vez cometa algunas imprecisiones producto del paso del tiempo, trataré de ser lo más fiel a mi recuerdo. Cuando estaba en el colegio, hacia el grado noveno (curso que inicié con 14 años y culminé con 15), empezó a correr el rumor de que uno de los profesores de educación física tenía una relación con la una niña de un grado inmediatamente inferior al mío. A ese profesor lo llamaré Federico y a la estudiante Sara. Sara era una niña muy bonita de unos ojos grandes y expresivos y unos rizos envidiables. Yo recuerdo que cuando la veía pensaba “parce, a esta vieja le queda bien hasta el uniforme”. Recuerdo que era buena en los deportes y que cuando inició el rumor yo la veía constantemente en el gimnasio y en el cuarto donde se guardaban los materiales para la clase de educación física. De hecho, ahora que lo pienso, no tengo recuerdo de Sara en un uniforme diferente al de educación física. ...

Eco

Me pregunto qué es lo que la vida quiere de mí, qué es lo que Dios espera que aprenda… me pregunto hasta cuándo me van a dar las fuerzas, si ya siento la voluntad y el ánimo tan mermados. Me pregunto cuál fue el error o cuál será la recompensa… me pregunto si no estaré haciendo las preguntas equivocadas. Hoy no encuentro una canción para el momento. Escarbo en el pasado tratando de encontrar alguna respuesta, alguna alternativa. Extraño las noches contando calles, las tardes bebiendo, el tiempo en la universidad, las charlas desprevenidas. Hoy sólo está la asfixia. De repente, mañana dejó de ser una respuesta y se convirtió en una alternativa, en la variable que depende de la resistencia. …¿Y si ya me cansé de ser fuerte?

Despedida

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A Dios, al Universo, a la Vida... Hoy les regreso el regalo más preciado que me han dado. Hoy se va una parte de mi alma, un pedazo de mi humanidad, hoy se congela una parte de mi corazón. Es imposible describir lo que siento, este dolor no tiene nombre, esta despedida es el paso más difícil de mi carrera como madre perruna. De mi Sacha aprendí tanto, recibí tanto amor, entregué tanto amor, que la lealtad que ella me profesó sólo puedo retribuirla dándole la tranquilidad de una partida sin sufrimiento, de un descanso sin martirio. En mi mente quedan las veces que me escuchó, las trasnochadas que me acompañó, su "ranciedad", su "perronalidad", sus locuras, su obsesión por cazar moscas, su odio a que la bañara, su voluntad de sólo dejarse cortar las uñas por mí, sus pedos olorosas que se echaba en mi cara impunemente, mientras me daba la espalda y caminaba en dirección opuesta a mí. Aquí queda todo de ella, queda el vacío de la vida sin ella... Ella sabe ...

Irreversible

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Despacito y con buena letra. Eso, así, vas muy bien. No, no aprietes los dedos, deja que la mano se deslice, tienes que mover desde el codo. Así, muy bien, las letras gorditas como las de papá. Un día vas a escribir como él. Recordaba esas palabras mientras pasaba la vista por su libreta, llena de garabatos y “escrita en arameo”, como solía bromear. Viajaba en el colectivo y de repente, una idea sobre su tesis le atravesó la cabeza, revoloteó en su maleta en busca de un bolígrafo, pero cuando lo encontró el temblor de sus manos y las ondulaciones del pavimento le impidieron escribir – Ya la recordaré y si no lo hago, no era tan buena- pensó y dejó caer los materiales en su bolso. El colectivo –uno de los pocos que quedaban en la ciudad- entró al centro por la Carrera Quinta, que se abría paso en medio de casas coloniales y edificaciones restauradas que –decían algunos- habían sido testigos de independencias, fugas, tretas, muerte y vida. Suspiró sin voluntad y le pidió al cond...

Divergencia

Son las personas a quienes más amamos las que tienen la capacidad de lastimarnos más profundamente. Es algo que a punta de golpes y dolores me ha enseñado la vida: el amor es un asunto de confianza porque implica despojarse de las propias prevenciones y mostrarse en aquello que nos hace más vulnerables, sin que este hecho se convierta en un acto de imprudencia; la exposición a la que nos acerca el amor no tiene por qué verse como un asunto de debilidad o de estupidez. Y es que el amor se nos enseña como un la antesala a la dependencia, pues el amor que se concibe libre resulta peligroso para una sociedad en que el anhelo del cariño y la compañía son más rentables que la libertad del amor desde la autonomía. El amor que subyuga vende, produce, perpetúa el poder en las manos que no lo quieren soltar. En cambio,  el amor que emancipa transforma, constituye, revoluciona y libera. Ese amor no le sirve al poder, sino que se sirve a sí mismo, porque exige la máxima necesaria para crear ...

Esa tal desigualdad sí existe

¿De cuándo a acá ser feminista se volvió un motivo de vergüenza? ¿Desde cuándo hacer un llamado al respeto por los derechos que nos corresponden como personas se volvió un boleto de entrada automática en el nacional socialismo? No son pocas las ocasiones en las que he tenido que escuchar a muchas mujeres y algunos hombres empezar sus intervenciones con palabras como “no es que sea feminista, pero me parece que…”, como si fuera un crimen ser feminista, como si hubiese que disculparse por serlo. Es triste y frustrante tener que explicar que el hecho de que tengamos acceso al trabajo y al voto no implica que la brecha de desigualdad basada en el género haya desaparecido. Es triste que nos nieguen en nuestra cara que aún hoy las mujeres reciben menores ingresos en cargos con las mismas obligaciones que los hombres, que nos digan que no llegamos a cargos directivos porque no estamos capacitadas, que no vamos a la universidad porque no queremos y que sean pocos los que se cuestionen...

XXIX

En el lugar que pisaron sus pies las flores decidieron nacer, lirios blancos vi crecer y una rosa azul florecer. Sus pétalos atraparon al cielo y aquella rosa provocaba sed. La rosa olía a sangre, olía a sal, las espinas de su cuerpo no podían sangrar. Ante la tentación de probarla, cedí, mi boca supo a tierra mojada. Sentí el peso de muchas vidas en la espalda, oí la voz de una niña que se alejaba. Al lugar que pisaron sus pies las libélulas quisieron volver y las flores decidieron crecer en la tierra donde sus ojos vi llover.

XXVIII

No me dejes dormir, morir. Vivamos en el ensueño, usemos los deseos, construyamos realidades... Deja que tu mirada se quede conmigo, vamos a recorrer nuestros mundos, te voy a contar las historias del reino que en mí se ha creado. Deja que me pierda en tus silencios, quiero besar tu sonrisa. Quiero dibujar el paraíso, deja que mis dedos describan tu perímetro. Escucharé de nuevo los cuentos y sabré de ti la leyenda. En mi memoria serás inmortal, Romero, tú, la fuente de mis recuerdos. Esta noche me quedaré, la mirada gatuna definirá tu silueta entre sobras la escultura será completa cuando mis manos te definan. Siento sed de tu boca, ansío la noche estrellada. Quiero perderme en tu penumbra en la noche que se confunde con tu cabello.

DÍAS MALOS

Hay cosas que han sido importantes para mí y que me han ayudado en esta montaña rusa del TAB, entre esas están las rutinas. El asunto es sencillo: me despierto a la misma hora todos los días, 5:30 am, abro los ojos sola, las alarmas no funcionan. Si me lo propongo, en un día extraordinario me levanto más tarde, pero el sueño lo vuelvo a conciliar después de haber abierto los ojos a las 5:30 de la mañana.  Tomo mi celular o la tableta y reviso las noticias, luego me levanto al baño, me doy una ducha, llego al cuarto, me cambio, desayuno, me arreglo el cabello y me maquillo, tomo la maleta y me voy. Así es de lunes a sábado. Pero hoy fue diferente. Me desperté a las 7:20 de la mañana, siempre miro el reloj al despertar. Me sentí molesta y confundida, angustiada, recordé todo lo que tenía que hacer, me dolía la cabeza e hice cuentas del tiempo que dormí: cuatro horas. Las manos me estaban temblando y me sentía muy confundida, no fui al baño, no leí las noticias, me quedé en ...