martes, 8 de marzo de 2016

Esa tal desigualdad sí existe



¿De cuándo a acá ser feminista se volvió un motivo de vergüenza? ¿Desde cuándo hacer un llamado al respeto por los derechos que nos corresponden como personas se volvió un boleto de entrada automática en el nacional socialismo? No son pocas las ocasiones en las que he tenido que escuchar a muchas mujeres y algunos hombres empezar sus intervenciones con palabras como “no es que sea feminista, pero me parece que…”, como si fuera un crimen ser feminista, como si hubiese que disculparse por serlo.

Es triste y frustrante tener que explicar que el hecho de que tengamos acceso al trabajo y al voto no implica que la brecha de desigualdad basada en el género haya desaparecido. Es triste que nos nieguen en nuestra cara que aún hoy las mujeres reciben menores ingresos en cargos con las mismas obligaciones que los hombres, que nos digan que no llegamos a cargos directivos porque no estamos capacitadas, que no vamos a la universidad porque no queremos y que sean pocos los que se cuestionen y tengan en cuenta que como mujeres se nos impone estar más al cuidado de nuestros familiares, estar más al pendiente de las tareas domésticas, que eso nos quita tiempo que podemos dedicar a nuestra educación y que no estamos hechas exclusivamente para el cuidado. Nos siguen cargando la responsabilidad de la reproducción con la frasecita patética de “el hombre propone y la mujer dispone” y se nos sigue castigando con mayor severidad por ser madres a temprana edad, como si los hijos se hicieran solos. 

Hoy en día, se nos sigue restringiendo el pleno uso de nuestros derechos sexuales y reproductivos, se nos sigue prohibiendo acceder a una interrupción voluntaria del embarazo, pero se nos señala por ser madres y se nos imponen mayores cargas… y eso sí mamita ¿Por qué no se cuidó? ¿Por qué no lo pensó?

Siendo madres, se nos disminuyen nuestras posibilidades mientras tenemos que ver como los padres pueden graduarse, trabajar y hasta evadir una responsabilidad compartida. Luego nos salen con el cuento de que no quisimos entrar la universidad, que no quisimos estudiar, que no quisimos graduarnos, pero ¿De verdad afrontamos dificultades equiparables? 

Y cuando logramos triunfos laborales, se nos dice que no lo hacemos por nuestros méritos académicos e intelectuales, sino por nuestra complacencia con los hombres. He tenido que escuchar frases como “mamita, usted está sentada sobre su nota”, “a esa la ascendieron porque se lo dio al director”. Si se nos considera bonitas, tenemos que ser brutas y si no se nos considera agraciadas, somos inteligentes pero no nos pueden “mostrar”. Si nos consideran bonitas e inteligentes, entonces damos miedo. Si estamos sin pareja es porque seguramente somos unas frígidas, amargadas. Si tomamos la iniciativa somos unas putas. Si tenemos un mal día, tenemos que aguantarnos que le echen la culpa a nuestro periodo. Si estamos felices es porque un hombre nos comió bien. 

En pleno siglo XXI las mujeres tenemos que explicar por qué andamos solas por la calle, tenemos que escuchar la frase “no seas exagerada” cuando contamos que alguien nos faltó al respeto, que nos violentó. Tenemos que “aguantarnos” que nos digan cosas en la calle porque nos vestimos de una u otra manera, porque caminamos por lugares que se supone que no son para nosotras ¿Pero por qué para ellos sí? 

Aún se cree que somos chismosas por naturaleza, que tendemos a exagerar todo y que somos imposibles de entender, que si decimos “no” en realidad queremos decir “sí” y que si decimos “sí” es porque estamos desesperadas o nos insistieron lo suficiente. Si no queremos nada con alguien “lo friendzoneamos” y eso hace que nos hagamos acreedoras al castigo de que nos vaya mal en nuestras relaciones sentimentales.

Todavía nos ponen a escoger entre nuestra familia y nuestro éxito profesional y seguimos realizando la mayor parte del trabajo no remunerado… y aún hay gente que considera que el trabajo no remunerado es sólo un invento para inflar las cifras, que no tiene ninguna incidencia en la economía realizar las labores del hogar, que eso no es trabajo, que hacer la comida, lavar, planchar y asear no cuesta, no cuenta.

Se nos reclama por las medidas de discriminación positiva que existen para nosotras, pero convenientemente se olvida que se crearon porque es la única forma de equiparar las cargas, al menos por el momento. Las mujeres tienen una edad menor de pensión que los hombres, pero tienen menores posibilidades de acceder a un empleo formal y por ende cotizar en el sistema pensional, sin contar con que en muchas ocasiones son quienes deben asumir la responsabilidad del trabajo doméstico no remunerado, lo que implica que trabajan el doble o que su trabajo no tiene ninguna contraprestación. A las madres cabezas de hogar se les ha reconocido el derecho a la estabilidad laboral reforzada porque hay empleadores que contratan mujeres en estas condiciones para obligarlas a trabajar más lo que lo haría un hombre, teniendo en cuenta la necesidad de un sustento para ella y su descendencia y cuando ellas se niegan, se les amenaza con despidos injustificados… se tuvo que llegar a ese extremo para garantizar el sustento no sólo de la madre, sino también de los hijos. 

Y como se nos considera el sexo débil, no fuimos tenidas en cuenta para el servicio militar obligatorio (en contra del que nos hemos manifestado porque consideramos que se debe abolir) y se nos echa en cara un sistema de reclutamiento sobre el cual no tuvimos injerencia, del que nadie nos consultó, pero del que ahora nos quieren hacer responsables.

Eso, sin contar con que hay quienes son capaces de tomar nuestras vidas porque se creen con derecho sobre ellas y nos llaman exageradas por pedir que no nos maten por el simple hecho de querer dejarlos.

Yo no sé, pero me parece que algo está mal. Me parece que quienes deberían sentir vergüenza son otros. Me parece que los reproches están mal encaminados y que si queremos alcanzar la paridad (pensionarnos al tiempo, por ejemplo) tenemos que exigirla en todo: en el acceso a la educación, en las responsabilidades respecto a los hijos y las tareas domésticas, en el acceso y las condiciones del empleo, en la abolición del servicio militar obligatorio, en el fomento de liderazgos, en la participación en investigaciones, en la representación en los órganos de toma de decisiones. En todo.

Y luchar por eso no me da pena. Soy feminista, sin peros. 





jueves, 25 de febrero de 2016

XXIX


En el lugar que pisaron sus pies
las flores decidieron nacer,
lirios blancos vi crecer
y una rosa azul florecer.

Sus pétalos atraparon al cielo
y aquella rosa provocaba sed.
La rosa olía a sangre, olía a sal,
las espinas de su cuerpo no podían sangrar.

Ante la tentación de probarla, cedí,
mi boca supo a tierra mojada.
Sentí el peso de muchas vidas en la espalda,
oí la voz de una niña que se alejaba.

Al lugar que pisaron sus pies
las libélulas quisieron volver
y las flores decidieron crecer
en la tierra donde sus ojos vi llover.

domingo, 15 de noviembre de 2015

XXVIII


No me dejes dormir, morir.
Vivamos en el ensueño,
usemos los deseos,
construyamos realidades...

Deja que tu mirada se quede conmigo,
vamos a recorrer nuestros mundos,
te voy a contar las historias
del reino que en mí se ha creado.

Deja que me pierda en tus silencios,
quiero besar tu sonrisa.
Quiero dibujar el paraíso,
deja que mis dedos describan tu perímetro.

Escucharé de nuevo los cuentos
y sabré de ti la leyenda.
En mi memoria serás inmortal, Romero,
tú, la fuente de mis recuerdos.

Esta noche me quedaré,
la mirada gatuna definirá tu silueta entre sobras
la escultura será completa cuando mis manos te definan.

Siento sed de tu boca,
ansío la noche estrellada.
Quiero perderme en tu penumbra
en la noche que se confunde con tu cabello.


jueves, 12 de noviembre de 2015

DÍAS MALOS


Hay cosas que han sido importantes para mí y que me han ayudado en esta montaña rusa del TAB, entre esas están las rutinas. El asunto es sencillo: me despierto a la misma hora todos los días, 5:30 am, abro los ojos sola, las alarmas no funcionan. Si me lo propongo, en un día extraordinario me levanto más tarde, pero el sueño lo vuelvo a conciliar después de haber abierto los ojos a las 5:30 de la mañana. 

Tomo mi celular o la tableta y reviso las noticias, luego me levanto al baño, me doy una ducha, llego al cuarto, me cambio, desayuno, me arreglo el cabello y me maquillo, tomo la maleta y me voy. Así es de lunes a sábado.

Pero hoy fue diferente. Me desperté a las 7:20 de la mañana, siempre miro el reloj al despertar. Me sentí molesta y confundida, angustiada, recordé todo lo que tenía que hacer, me dolía la cabeza e hice cuentas del tiempo que dormí: cuatro horas. Las manos me estaban temblando y me sentía muy confundida, no fui al baño, no leí las noticias, me quedé en la cama mirando a la nada y luego fui por una taza de chocolate. No desayuné lo habitual, se me hizo tarde y cuando entré a la ducha sentía que no podía respirar bien, empecé a desesperar y el llanto se apoderó de mí. 

-Estoy cansada- decía –Dios, no puedo más ¿Qué hago?- Sentía que no tenía opciones y no paraba de llorar. Salí de la ducha tratando de respirar más despacio pero el esfuerzo era inútil, llegué al cuarto y no sabía qué ponerme, mi celular empezó a vibrar con mensajes de mi oficina y yo seguía llorando. 

Tuve que volver a la cama, sentía angustia, pánico, hoy fue uno de esos días en que salir de la casa fue una tarea imposible porque una barrera, que nadie puede ver, me impedía siquiera moverme de mi habitación. Lloraba desconsolada y sabía que algo no estaba bien, escribí a la oficina y luego llamé ¿Cómo iba a llegar así? 

Avisé a mis padres y a un par de amigos, hablé con la psiquiatra y fui consciente de los trasnochos a los que me he sometido desde hace un mes. Todo el tiempo supe que era un error y todo el tiempo me sentí incapaz de incumplir, no supe decir “no puedo, necesito más tiempo” y jugando a hacer el día más largo, le quité a mi cuerpo el sagrado momento del descanso. Grave error.

Pude ser dueña de mi cuerpo de nuevo y recostarme para descansar. Dormí en la mañana e intenté salir por la tarde a una reunión. Otra vez fue inútil. 

Luego de la sensación de desasosiego, del sueño profundo y del despertar, sentí el cansancio, la debilidad. En la mañana, en medio de la confusión de mi cabeza, me preguntaba por qué no podía ser una persona normal, por qué el estrés tenía que afectarme tanto y por qué no podía hacer lo que otros, que sacrificaban horas de su sueño haciendo un esfuerzo y podían reponer el tiempo de descanso después.

Es que cuando ocurre una crisis de ansiedad los pensamientos se estrellan y van uno tras de otro, la situación se vuelve en extremo confusa y el pánico es una sombra que no deja aclarar el panorama. 

Ahora, en medio de la debilidad que siento me pregunto qué voy a hacer mañana ¿Cómo voy a explicar lo que pasó? ¿Me van a entender? ¿Me van a regañar? ¿Cómo voy a evitar que esto me vuelva a suceder?

Luego se despierta otra parte de mí y me dice “tranquila, ya sabíamos que íbamos a tener días malos, pero lo bueno de los días malos es que se terminan”. Entonces recuerdo el camino que he recorrido y reconozco los errores de los últimos días. Leo los mensajes de mis amigos alentándome, escucho a Papá y a Mamá, respiro lento y mi respiración me pertenece, todos me recuerdan que he podido otras veces, todos creen en que hoy también lo manejaré. Y me calmo.

Hace tiempo aprendí a vivir al día, sobre todo cuando hay dificultades. Pensar en el largo plazo y llenarse de motivos acerca de todas las cosas malas que pueden pasar, sólo nos llena de angustia y desesperanza. Pero si puedo superar la dificultad de hoy, si puedo llegar al final del día tranquila y dormir, entonces será un triunfo y todos los días tendré la oportunidad de ganar la batalla. 

La lección del momento es escuchar más a mi cuerpo y estar más pendiente de mis límites. Me voy a prometer que voy a estar bien y que a pesar de que hoy me sienta triste y angustiada, tengo muchos días para sonreír y respirar con tranquilidad.



Pido disculpas por la baja calidad de mi escrito, los errores de redacción y lo desordenado del texto. Para ser sincera con quien me lee, quise hacer de esta crisis una oportunidad y de alguna manera plasmar lo que se siente, aunque es difícil. No sólo lo hago con un fin propio y reflexivo, sino porque sé que allá afuera hay muchas personas que viven lo mismo y que tal vez no entienden qué les pasa… tal vez, pensar en que es un día difícil pueda ayudar, porque ya lo dije: los días malos se terminan, siempre se puede volver a comenzar.


viernes, 6 de noviembre de 2015

XXVII - Plegaria


Abandóname en la soledad
del silencio que carcome,
bebe del sudor de mi espalda
corva y envejecida.

Huye de mis angustias,
sálvate de los demonios que me aconsejan,
evita mis ojos nostálgicos,
no escuches a las brujas que me habitan.

Los tormentos cuidarán de nuestro sueño,
los fantasmas regaran vino en nuestro lecho
y en rituales báquicos arderemos redimidos,
por tu boca de menta, por mis labios de uva.

Encuentra la calma lejos de esta tormenta,
de corazones encabritados y espíritus penitentes.
Guárdate de mi noche fúnebre, olvida tu sed,
guarda tu luz inocente de la Dama Sombría.